Volver a Canfranc, de Rosario Raro

volver-a-canfranc-crop-u6342-197x300Título: Volver a Camfranc
Autora: Rosario Raro
Editorial: Planeta
Páginas: 510

¿Cuántas veces habré estado en Canfrac? No lo sé, pero muchas, porque muchos fueron los fines de semana de mi juventud en los que, llegando el viernes por la tarde, preparaba la mochila y junto con mis amigos me montaba en el “Canfranero” y marchábamos a pasar el fin de semana al Pirineo.

Eran esos raros tiempos en que uno podía ir con su tienda de campaña y colocarla donde mejor le pareciese; y no, entonces el Pirineo no parecía la Gran Vía en hora punta, eran otros tiempos. Eran esos tiempos en los que incluso podías, por frío o agua, o porque la tienda de campaña hubiese sufrido algún contratiempo, pasar la noche dentro de la estación de Canfranc, en el suelo, arrebujado en tu saco de dormir, con frío, con mucho frío, pero con las risas siempre constantes de la juventud.

Sí, como en este libro, Volver a Canfranc, también eran otros tiempos, y si bien sí sabíamos que este había sido un punto estratégico durante la Guerra Civil, ninguno teníamos conciencia del papel tan fundamental que había cumplido esta estación durante la II Guerra Mundial.

Naturalmente, nunca imagine que en la estación de Cafranc hubiese llegado a ondear la bandera nazi, mucho menos que oficiales de la Gestapo hubiesen controlado el movimiento de esa estación entonces internacional. También desconocía que el Jefe de estación fuese francés. Era el invierno de 1942 cuando el ejército alemán tomó la estación de Canfranc como si de un pedazo de la Francia ocupada se tratase, ante el silencio del Gobierno franquista, ocupado, como pueden imaginarse, en sus propios asuntos.


Nunca pude sospechar, ni de lejos, que ayudados por personas como los posprotagonistas de nuestra novela, Laurent Juste, jefe de la aduana, y personaje basado en Albert Le Lay, el hombre que ocupó realmente ese mismo cargo durante aquellos años, Jana Belerma, camarera del hotel y mujer valiente donde las haya, o un bandolero llamado Esteve Durandarte que arriesgan sus vidas para devolverles la libertad a miles de judíos, entre los que la autora nos recuerda a Alma Mahler y a su marido, el escritor Franz Werfel, Heinrich Mann, Lion Feuchtwanger, el artista Max Ernst, Josephine Baker o Marc Chagall, pero siendo esto importante lo que más me impresionan son esas miles de personas anónimas a las que pudieron salvar .

Y entre lo real y lo novelado Rosario Raro se saca, y no de la manga sino de su pluma y de su estudio, una gran historia, sobre todo una historia que debía contarse y darse a conocer para que nadie olvide que siempre hay gente valiente capaz de jugarse su propia vida por salvar las de otros muchos, y porque quizá algún día, y aunque solo sea por esto, alguien se de cuenta de la importancia de este paso natural entre España y Francia, Canfranc, y de la imperiosa necesidad de conservación de la propia estación, pues siempre habrá gente que regrese agradecida al origen de su libertad

He de reconocer que nada había leído ni de la autora ni sobre la autora, pero les puedo contar que Rosario Raro, nació en Castellón, 1971, que es Doctora en Filología y Estudió Técnicas de Escritura Creativa en la Universidad Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica de Perú, país en el que ha vivido durante una década. Cursó un Postgrado en Comunicación Empresarial en la Universitat Jaume I y otro de Pedagogía en la Universidad de Valencia después de licenciarse allí. Además dirige desde su fundación el Aula de escritura creativa de la Universitat Jaume I de Castellón y es autora de un buen número de obras entre las que cabe destacar: Carretera de la Boca do Inferno, Surmenage, Perder el juicio, Los años debidos, Finlandia, La llave de Medusa, Desarmadas e invencibles y El alma de las máquinas. Su obra ha sido traducida al catalán, al japonés y al francés y reconocida con numerosos premios literarios tanto nacionales como internacionales.

Me quedo con la parte histórica, con esta grata recuperación de lo que paso en esa estación y en ese paso fronterizo de Canfranc, y me quedo con esos personajes valientes, y con esa parte final en la que la autora nos explica … ¡Pero como les iba a contar yo lo que ella dice al final de libro! Jajaja Si quieren, ustedes también pueden hoy, como otros muchos, “Volver a Canfranc”.

 

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