“Misterios de un asesinato”, de Neil Gaiman y P. Craig Russell

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misterios-de-un-asesinato-193x300Desde que leí esa obra maestra que es The Sandman, hace ya bastante, intento leer todo lo que puedo de Neil Gaiman (preferiblemente en formato cómic) pero se me había pasado por completo esta pequeña joyita, que no es otra cosa que una adaptación a la viñeta a cargo de P. Craig Russell de uno de los relatos cortos que Gaiman publicó en Humo y espejos.

Gaiman suele abordar temas en los que no se distinguen los límites entre el bien y el mal, lo terrenal y lo divino, el sueño y la realidad… con excelentes resultados y en esta ocasión vuelve a hacerlo, para deleite de todos sus fans, que somos legión.

En Misterios de un asesinato un anciano vagabundo le cuenta a un transeúnte en Los Ángeles, a cambio de un cigarro, la historia de un asesinato. Pero no un asesinato cualquiera, sino el primero de todos. Y no, no el de Caín y Abel. Uno mucho anterior. Uno ocurrido en el paraíso y en el que la víctima es un ángel y el asesino otro. Y es que llevar a cabo La Creación, no fue cosa fácil. Había cientos de ángeles, con sus rangos y jerarquías, y cada uno tenía una función concreta que conocían en cuanto se les era comunicado su nombre. Hasta ese momento permanecían en una especie de hornacina o celda. Y cuando se les necesitaba, Lucifer, el ángel de alas imponentes y plumaje perfecto, con la piel de color bruma marina, pelo rizado y plateado y ojos grises, les buscaba diciéndoles su nombre y misión.

“Eres Raguel. La venganza del señor. Ha ocurrido algo malo. El primero de su clase. Se te necesita”, fueron las palabras, le comenta el anciano, que Lucifer le dijo a él. El otro hombre escucha con atención, y no muestra ni incredulidad ni indiferencia sino, curiosidad.

A partir de las palabras de Lucifer, Raguel comienza la investigación, obligando a los ángeles a contestar a sus preguntas, incluso a las que no quieren contestar (si habéis leído Predicador, os recordará el uso que Raguel hace de “la voluntad del Nombre” al que Jesse Custer hacía de “la Palabra”).

Si hay algo que me haya gustado particularmente ha sido que el esclarecimiento del crimen y posterior castigo del culpable nos ofrece como consecuencia una singular y original visión del inicio de la rebelión de Lucifer así como la confirmación de que todo sigue un Plan Maestro en el que todo está detallado y ha de seguir un curso:

“Pobre y dulce Lucifer. Su camino será el más duro del de todos mis hijos. Pues hay un papel que debe interpretar en el drama que está por llegar y será un gran papel”.

Otra cosa que me ha gustado es la trama paralela. Lo que le sucede al oyente antes y después de que Raguel cuente su historia. Sobre todo ese final que deja tantos interrogantes abiertos para que el lector dé sus propias respuestas y saque sus conclusiones.

No conozco el relato de Gaiman, pero puedo afirmar que este cómic es muy bueno y que rebosa Gaiman por los cuatro costados, y que Russell ha hecho un gran esfuerzo y trabajo.

En cuanto al dibujo de este, es correcto, sencillo, aunque tal vez pueda ser parco en los fondos, pero en conjunto realiza un gran despliegue plástico.

Poco más puedo decir. Leer a Gaiman siempre deja un buen sabor de boca y una extraña sensación de bienestar y, de vez en cuando, de algunas dudas muy interesantes.

 

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