Kitty Peck y los asesinos del Music Hall, de Kate Griffin

kitty-peck-y-lo-asesinos-del-music-hall-204x300De mayor, yo quiero ser (como) Kitty Peck: guapa, inteligente, en buena forma, avispada, simpática, con madera de líder, con aplomo para ligarse al chico más atractivo de todo Londres, las pilla al vuelo, tiene buena suerte y un amigo que es un verdadero tesoro… Y es que Kitty Peck, la protagonista de esta novela, es una heroína total de difícil competencia en la literatura contemporánea. Una de esas mujeres renacentistas, en este caso llevado ese arte para la multitarea al terreno más terrenal, o sea, al mundo de la calle y de los buscavidas del Londres de 1880; pero es que la chica vale para todo, y es así que Kitty Peck impera sobre todas las páginas de esta novela, con toda la lógica y todo el mérito del mundo.

Es un disfrute constante leer las aventuras de nuestra protagonista en Kitty Peck y los asesinos del Music Hall, porque Kate Griffin ha conseguido algo bastante infrecuente: dotar a la protagonista de su primera novela, una novela histórica-policiaca, de trasfondo, pasado, vida interior más que verosímil y, lo más importante, una personalidad con muchos matices y muchas facetas, al igual que pasa con las personas de carne y hueso. Kitty Peck no es perfecta, no es angelical, no es un dechado de virtudes; hay momentos en que hasta llega a resultar antipática, un puntín soberbia y algo repipi. Sin embargo, todo ello redunda en una mayor hondura del personaje, una mayor cualidad tridimensional. Kitty Peck es un personaje que casi se puede tocar. Y, repito, esto es algo que no se suele ver fácilmente en la novela policiaca contemporánea (bueno, ni de otras épocas).

Tan insólito -pero en el buen sentido- como la protagonista es la propia novela. Ambientada en el Londres de 1880, nos sitúa en los bajos fondos de la ciudad, en el Londres dividido en pequeños imperios de los barones que controlan y deciden la suerte de los menesterosos de la noche y de los music hall, en el mejor de los casos, y asalariados de peores formas de ganarse la vida, en otros. Kitty Peck pasa de ser modista y ayudante de vedettes a ser elegida por su baronesa, conocida por el sobrenombre de La Señora, para seguir la pista del responsable de la desaparición y ominosa suerte de varias de sus chicas. Del éxito de esa misión depende que Kitty vuelva a ver a su hermano, su único pariente vivo. Entre medias -en el corazón mismo del misterio- está un enigmático cuadro que tiene en vilo a la alta sociedad londinense.

No es nueva la combinación de una trama de misterio puro y duro –atrapar al culpable de algún crimen– con el mundo del arte, y sin embargo en Kitty Peck y los asesinos del Music Hall se lleva a cabo con mucho más acierto y naturalidad que en novelas mucho más afamadas. La trama artística guarda relación muy directa con la trama criminal, de tal modo que resolver la una es resolver la otra. Todo ello lo hace Kate Griffin de manera que no se notan casi las puntadas, pero -como los buenos autores de misterio- la autora no da puntada sin hilo y así, el lector puede jugar también a ser detective.

Como casi todas las buenas novelas, Kitty Peck y los asesinos del Music Hall es más que la historia sobre cómo Kitty Peck pasó de ser una modistilla a investigar un crimen; es la historia de cierto Londres de aquella época, la historia de una amistad verdadera, la de la lealtad incondicional y de la perseverancia que da alas al alma y dota a la persona de un coraje que ignoraba tener. Es también la historia de la superación del dolor y de la búsqueda de redención personal y de cómo ésta puede hallarse agazapada en cosas que se dan por sentadas, sin que haga falta embarcarse en grandes empresas ni en búsquedas por territorios inexpugnables para lograrla. Y es la historia de una autora, Kate Griffin, que sabe sorprender gozosamente al lector sin grandes alharacas ni juegos de manos. Complétese todo eso con un lenguaje realista, sabroso, imaginativo y lleno del color y la riqueza de la calle.

Kitty Peck es demasiada protagonista para una sola novela, aunque bien es cierto que andamos sobrados de trilogías y plurilogías donde hay demasiada novela para tan poco que contar. Por tanto, nos queda recomendar encarecidamente la lectura de esta novela a amantes de la ficción histórica y de la novela policiaca con héroes vitalistas.

 

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