Esther y su mundo, de Purita Campos

esther-y-su-mundoA vueltas con los años 80, la única década en la historia de la humanidad cuyo revival está durando más que la propia década. Y es que, como dicen los chicos de Yo fui a EGB, no somos nostálgicos porque no hay nostalgias como las de antes. En fin. Que, si bien es cierto que la nostalgia lleva consigo una buena porción de idealización nada fiel a lo que fue la realidad y a cómo la vivieron sus protagonistas –a lo cual hay que añadir que la infancia y la preadolescencia son para todo el mundo el paraíso que cada hombre está destinado a perder–, también es verdad que los años 80 estuvieron llenos de cosas estupendas, fantásticas, divertidísimas y que llevaban impreso, más que los productos de ninguna otra época de la historia moderna, el sello de una alegría de vivir inocente y vitalista que no se ha repetido más, por lo menos hasta ahora.

La editorial Planeta se ha sumado al guateque nostálgico y está reeditando los cómics protagonizados por Esther, también conocida como Patty o Pecosa, la eterna adolescente inglesa de coletas que acompañó a muchas niñas y jovencitas -y a sus congéneres masculinos que leían sus historietas a escondidas- durante buena parte de los 70 y los 80, década ésta en la que la popularidad de Esther Lucas llegó a su punto más alto.

Seguramente muchos de sus lectores de aquella época se preguntarán qué fue de Esther y de su familia, de su hermana Carol y su marido Kerry, de la pequeña Laurita, de la incorregible Rita y, por supuesto, de Juanito, el novio intermitente de Esther. Bueno, han de saber que hubo y hay una “segunda parte” de las andanzas de Esther –de la mano de la barcelonesa Purita Campos, como no podía ser de otra forma–, en la que por fin nuestra amiga ha superado la edad problemática por excelencia y ya tiene 40 años, una hija y un exmarido. Aun así, originalmente, la historia de Esther no tuvo un punto final; parte de su encanto residía precisamente en que de forma constante le pasaban cosas y el tiempo transcurría muy, muy lentamente, dando ocasión a que se produjeran todo tipo de vicisitudes: aventuras con la complicidad de su amiga Rita, altos y bajos en su relación con Juanito, los típicos problemas familiares con sus padres –si bien a veces algo folletinescos–, su rival Doreen buscándole las cosquillas de mil y una formas… Es esto, Esther en estado puro, lo que los lectores van a encontrar en esta reedición de aquel divertido cómic que encandiló a varias generaciones; aquellas historias, sin trampa ni cartón, sin segundas partes ni apéndices, con un pequeño lifting cromático –no en vano han pasado 27 años desde que se publicaron por última vez las aventuras de Esther– y un aspecto general más acorde con estos tiempos.

En esencia, eso es lo que el lector se va a encontrar, y no hay más cambios, principalmente porque no hacen falta y, como decía Juan Ramón, no le toques ya más, que así es la rosa.

Por tanto, muy buena propuesta ésta de Planeta de que los lectores que entonces fueron se reencuentren con Esther y puedan completar o empezar su colección de aquellas/estas historietas, y de que los nuevos puedan conocer un cómic ambientado en una época concreta pero por el cual no ha pasado el tiempo, como no pasa el tiempo por las buenas novelas, sean de la época que sean.

 

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