El todopoderoso Shikaku, de Naoko Tanigawa

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El-todopoderoso-Shikaku-214x300El tema del papel del dinero en las sociedades modernas no es nuevo, el de las formas de digerir las tragedias tampoco, pero créanme si les digo que El todopoderoso Shikaku es probablemente la aproximación más original a estos temas que recuerdo. El método de aproximación que utiliza Naoko Tanigawa tampoco es novedoso, pero el resultado es tan redondo y tan sorprendente que realmente lo parece. Lo que hace la autora para reflexionar sobre el papel del dinero es hacer literal la recurrente metáfora de considerarlo un Dios. Y lo convierte en un Dios, con sus templos, los cajeros automáticos, sus ritos, la purificación de los billetes, sus formas de comunicarse con los fieles, a través de una web, y su propia imaginería, los amuletos en blanco y los oráculos. Y sus milagros, claro. Esta forma de mirar, por otro lado muy española: es una especie de esperpento contenido, puede parecer un espejo deformante, pero funciona muy bien. La duda sobre si se trata de un culto o una estafa, algo por otro lado inherente a cualquier creencia de nuevo cuño, ayuda a mantener la historia pegada a la realidad, pero la reflexión del segundo plano de lectura vuela libre y alto. Y no porque El todopoderoso Shikaku busque proporcionar respuestas, no es en absoluto una historia de moralejas, sino porque está francamente bien escrita.

La historia avanza gracias a la narración de los diversos personajes, la familia que protagoniza el libro, y la diversidad de puntos de vista enriquece mucho la historia. Pero independientemente de su efecto en la narración, los personajes tienen entidad propia, son muy atractivos. Especialmente Minami, un personaje que sale de diez años de depresión y todo un hallazgo literario.

El todopoderoso Shikaku también es un personaje, es el Dios del dinero, pero también tiene gran protagonismo esa forma tan particular que tienen y que han tenido históricamente los japoneses de afrontar las catástrofes. Naturales o no, aunque en este caso sean naturales. Pero todo ello no es sino la excusa de Naoko Tanigawa de presentarnos a la sociedad japonesa actual. No sólo reflexiona sobre el papel del dinero y de la religión, también aparecen en la novela diferentes fenómenos de masas que ayudan a comprender una sociedad a la que solemos acercarnos en pasado: casi todas las novelas japonesas que he leído o eran antiguas o estaban ambientadas en el Japón tradicional. Y permítanme que lance una idea un tanto a vuelapluma: acercarse a la sociedad actual real de Japón, tan desconocida, a través de esta obra es algo muy próximo a un privilegio, porque no es común y porque es muy interesante.

La diversidad de personajes extiende el retrato a varias generaciones y a varios estratos sociales y lo cierto es que se trata de una sociedad muy diferente de la nuestra y sin embargo el relato tiene algo de universal, quiero decir que esta forma tan brillante de enfocar la historia hace que uno lleve a plantearse hasta qué punto la trama es trasladable a nuestra realidad occidental y a poco que lo piense uno en serio se sorprende del resultado de su reflexión, que obviamente, ya me conocen, no voy a compartir porque eso es algo que cada lector debe hacer si lo considera oportuno. Yo me limito a asegurarles que si El todopoderoso Shikaku les llama la atención, su lectura no les decepcionará.

 

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