El gusano de seda, de Robert Galbraith

el-gusano-de-seda-198x300A Robert Galbraith algunos ya lo conoceréis por su anterior novela, El canto del cuco. Aunque es probable que os suene más por la persona que se esconde detrás de su pseudónimo. A estas alturas ya no resulta ningún misterio de que se trata de la célebre escritora J. W. Rowling. Baste un vistazo rápido a internet, o abrir la portada del libro, para averiguar su verdadera identidad. De la creadora de Harry Potter, personalmente, conozco más bien poco. Algún fragmento de alguna película y poco más. Tampoco de su primera publicación como Galbraith. No es necesario. Esta novela, aunque continuación, funciona de forma independiente con respecto a aquella. Lo que viene bien para lectores despistados como una servidora, pero que resultará algo repetitivo en aquellos pasajes referentes a El Canto del cuco.

Así las cosas, Galbraith regresa esta vez con una nueva aventura del carismático detective Cormoran Strike y su encantadora ayudante, Robin Ellacott, con un libro que lleva el título de otro y que, siguiendo un poco aquel primero, tiene nombre de animal: El gusano de seda. En él, su autora nos narra un nuevo caso del detective Strike, contratado en esta ocasión para descubrir el paradero del novelista Owen Quine, que lleva días sin aparecer por casa, algo, por otra parte, habitual en él. Su esposa, sin recursos para pagar sus servicios, es la encargada de contratarlo. Pero todo se irá complicado a medida que avance la investigación hacia la existencia de un extraño manuscrito que, bajo el título Bombix Mori, gusano de seda en latín, parece exponer, del modo más retorcido y desagradable, los secretos mejor guardados, y también más escandalosos, de parte de su entorno editorial más cercano.

De él, de los egos y susceptibilidades del sector editorial, de seguro que J. W. Rowling sabe demasiado. Es de hecho a muchos de ellos, a quienes se dedican a esta profesión, a los que les escribe sus palabras de agradecimiento. Un contexto, no obstante, que sirve a la autora para poner en evidencia algunos de los mecanismos que se esconden detrás de la edición de un libro, y del que se desprende, en cierto modo, una crítica a un ambiente que no queda en muy buena situación, con conspiraciones, recelos, envidias e hipocresías.

Tampoco lo hace la novela dentro de la novela, ese Bombix Mori que su autor va despiezando poco a poco, resultado de una mente perturbadora, y que tiene algunas de las respuestas para Owen Quine, las extrañas circunstancias de su desaparición, y la implicación que cualquiera, hasta él mismo, pudo tener en ella.

Con todo, el principal acierto de El gusano de seda es la facilidad de envolver al lector con una historia que pasa rápido, que engancha pronto y de la que no hay escapatoria hasta llegar a su resolución. Ayuda la pareja protagonista -especialmente ella a ratos-, carismáticos ambos e infalibles en lo suyo, aderezados con un toque de humor y ciertas peculiaridades. Como la cojera de Cormoran, que perdió una pierna en combate, o su descendencia paterna, aunque no reconocida, de una estrella del rock and roll.

Una novela policial, que adolece de cierta profundidad, cuyos personajes son más bien lineales, pero cuya historia le ha alegrado más de una noche a quien escribe, transformando El gusano de seda, en una buena lectura para estas fechas. Dos títulos, él y El nido del cuco, que llevan camino de convertirse en una saga. Corre el rumor de que serán siete. Al ritmo que lleva, no me extrañaría.

 

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